lunes, 23 de julio de 2012

ANTORCHAS HUMANAS EN ISRAEL


Las noticias de judíos inmolándose con fuego en Israel  es algo de gran impacto en mi interior. La última noticia recibida es de ayer, otro ciudadano israelí de 60 años trató de quemarse a lo bonzo, pero gracias a la oportuna intervención de la policía, se frustró su intento. Con este son cinco los casos que se han registrado, unos con “éxito”, otros neutralizados.

Se afirma que decenas de personas han llamado desesperadas a las líneas de auxilio de diferentes servicios sociales, amenazando con seguir el mismo camino de desesperación. Todo parece indicar que el desajuste económico que atraviesa la nación, está produciendo desesperación en algunos nacionales.

Pero esta situación pone en el tapete del mundo judío un interrogante que hay que analizar forzosamente: ¿Cómo es posible que el pueblo depositario de la mayor fuente de fortaleza espiritual, emocional y mental se esté desmoronando? Porque la fortaleza de un pueblo depende de la fortaleza del segmento más débil de su sociedad.

Hay una declaración poderosa de parte del profeta Habacuc, que encontré en el libro de los profetas, que me ayudó en mis días económicos más oscuros. Esa promesa no me fue dada a mí sino al pueblo judío; pero me apropié de ella como una porción que podría alcanzar a aquellos que ponen su confianza en el Dios de Israel.

He aquí esa porción:

Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados
no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;

Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación.

Jehová el Señor es mi fortaleza,

El cual hace mis pies como de ciervas,

Y en mis alturas me hace andar.”



El profeta Habacuc no solo hablaba de sí mismo, proclamando su confianza en su Dios. El Espíritu de Dios pone estas palabras en la boca de su ungido, su pueblo Israel, para cuando esté en medio de la angustia como nación.



Es una declaración de plena y total confianza en el Dios de Israel.

Cuando una nación pueda decir: ¡Jehová es mi fortaleza! No hay crisis económica que la hará tambalear, porque podrán faltar los suministros más esenciales para la vida, pero les queda el mayor recurso al que puede aspirar un ser humano o una nación: El Dios Todopoderoso.



En este pasaje tan hermoso, puedo entender que cuando haya escases en la alacena; mi relación con El Dios Todopoderoso será suficiente para elevarme espiritual y psíquicamente sobre estas necesidades, y conoceré a mi Dios en una nueva dimensión.



Me elevará a las alturas espirituales de su morada en los cielos y nada me faltará, porque estoy en una relación cercana con Aquel que hizo descender maná del cielo por cuarenta años en el desierto para que su pueblo no padeciese de hambre; y aún hizo que las codornices llovieran sobre el campamento de Israel, cuando se hastiaron del maná.



El ha hecho mis pies como cierva y me hace andar en mis alturas; las alturas de la fe, y allá en las alturas de su morada tendré comunión con el Creador. Podré reconocerlo como el Dios de mi Salvación y por ello mi alma y mi corazón rebosarán de gozo y alegría.



Es como un contrasentido. ¿Cómo he de alegrarme y gozarme en medio de una crisis económica que me está arrastrando al despeñadero?  Solo lo puedo entender porque mi mirada no estará puesta en las circunstancias que me rodean y pueden llenarme de aflicción. Mantendré mi mirada en el Dios que me ha creado para su alabanza y para su gloria, porque de El vendrá mi socorro.

De Israel, solo he recibido grandes beneficios y por ello mi mayor anhelo es que esta nación reciba todo el bien  que Dios le ha prometido. Al enterarme de lo que está sucediendo en Israel, de estas muertes e intentos de suicidios atroces, mi corazón se compungió porque esto es señal de que algo no está bien en Israel.

Este pueblo fue llamado por el Dios Altísimo a ser luz para las naciones, pero lo que ahora muestra no es sino sombras de angustia y tribulación en su sociedad.

Esa promesa de Habacuc es para los judíos y deben buscar como individuos y como nación la posición que  su Dios les ha reservado como Su pueblo, porque El no los desampara y tendrá cuidado de ellos el día que lo buscaren de todo su corazón, humillándose ante El.

Muchos judíos han perdido el rumbo. Han perdido la fe en su Dios. Es más no son pocos los que abrigan enojo e incredulidad en “un Dios que los ha abandonado a través de la Historia y ha permitido persecuciones y el Holocausto”. Estos se han olvidado que los que le dieron la espalda a Dios fue el pueblo, porque si no hubiese sido así, no se hubiera cumplido la Palabra de Dios dada al pueblo en la Tora, libro de Levítico:

“Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro erguido.


Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.”

Pero así como el Eterno, Elohim los disciplinaría, también les dio promesa de que seguro Le encontrarían en el clamor y la oración humilde, de arrepentimiento y conversión de los malos caminos en los que hubiesen andado.

Cuando el Rey Salomón hubo acabado la edificación del Templo, está registrado en el II libro de Crónicas cap. 7:  

“Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio.



Si yo cerrare los cielos, para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo;  Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”



Soy un convencido que Israel está llamado por Dios para grandes cosas. El no ha terminado aún con este pueblo y nada Lo detendrá para que cumpla todo lo que ha dispuesto para Israel. Es solo cuestión de que el pueblo de los pasos correctos en la dirección correcta: hacia su Dios.

Pero debe dar esos pasos en la forma en que el Altísimo lo ha establecido: con humillación, oración, búsqueda de Su rostro, convirtiéndose de sus malos caminos.  

 Hace 37 años recibí del pueblo judío el mayor bien que hombre alguno pueda recibir en esta vida: la vida eterna.

Hace casi 2000 años un judío llamado Jesús y oriundo de Nazareth, fue crucificado. A mi entender, éste no fue cualquier judío; era el profeta que fue anunciado por Moisés a su pueblo, cuando Dios por su intermedio le prometió que levantaría a un profeta semejante a él, a quien el pueblo debería obedecer:

Está escrito en la Tora

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

¿Qué necesidad había de que Dios enviase a otro profeta diferente de Moisés y que trajera palabras de Dios en su boca? Y, ¿Por qué el pueblo de Israel debería obedecerle al igual que hizo con el mensaje de Moisés? Si por boca de Moisés, Dios trajo la Ley ¿Qué mensaje diferente traería este otro profeta que el Señor enviaría y que debería ser escuchado y obedecido?

Este profeta Jesús fue rechazado por el pueblo judío a quien fue enviado primeramente. Su mensaje fue considerado abominación por los dirigentes judíos de su época y hasta el día de hoy ocurre lo mismo.

Pero su mensaje ha sido atendido y creído por millones de millones de no judíos, que como yo, hemos entrado en las promesas a Israel, confiados que en su momento, todo Israel también atenderá a su mensaje.

Gracias Israel porque fuiste separado por Dios para traernos vida. Es mi oración que el Rostro del Altísimo resplandezca sobre ti y reconozcas al Dios de tu Salvación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario